Hace unos días que estoy prestando atención a mis miedos. Trato de establecer en qué punto entre los extremos de la "imprudencia" y "la ansiosa que teme por todo", estoy viviendo. Trato de establecer si lo mío es el amor, o ansiedad frente a lo que no controlo.
Estas reflexiones aparecen por el tema motos, aunque claro, van mucho más allá.
"E" hace casi un año que tiene un scooter que ama. Es chiquitín, rojo y el casco de meteoro le combina a la perfección (ver foto). Me costó mucho aceptarlo. En mi sistema de creencias, las motos son, por definición, peligrosas. Lo logré, pero mi tranquilidad no durará mucho tiempo.
"E" va en el scooter rojo desde San Fernando a Palermo, ida y vuelta, todos los días. Además, cada mañana pasea por Recoleta, Belgrano y aledaños, facilitando mucho la vida de quien sale sonriendo cada mañana, por el hecho de ir conduciéndolo. El tema es que el rojito, es tan chiquito que vive forzado y, de seguir con ese trajín, no se le augura un futuro muy auspicioso.
Conclusión, en algunos meses, Scooter va a tener que pasar a modelo un poco más grande y a mi me aterroriza que "E" ande en una moto que pueda ir a más velocidad. Siempre fui temerosa en las situaciones en que tiene que volver tarde, manejar muchas horas, etc. Me avergüenza decirlo, pero yo no duermo tranquila hasta que "E" no está en casa, seguro. No es que no confíe en él... la gente por la calle anda loca y en las motos el chasis es la persona.
En fin, el hecho es que, ahora que aparece el tema de un scooter un poco más grande, pienso en todo esto y me preocupan mis preocupaciones y no saber sis son saludables o no. Tengo dificultades para discernir si mi preocupación debe ser las motos o mis miedos, o las motos y mis miedos.

