miércoles, 13 de octubre de 2010

No la tengo clara

Desde el jueves pasado que tengo ganas de sacarme esto de adentro. Me cuesta tomar postura, me cuesta casarme con una ideología, me cuestan los absolutos y al mismo tiempo no me va el relativismo. Todo esto porque no sé que pensar, porque no la tengo clara.
Traduzco un poco. Miércoles 6 y Jueves 7 de octubre participé en la UCA del Congreso de Vivienda y Desarrollo Humano. Escuché disertantes de todo tipo y color, políticos, técnicos, filósofos, clérigos y ONGs. Todos tratan de proponer una solución a un problema que conozco de cerca. Yo sé más o menos qué es lo que es "correcto" decir, proponer, qué se espera que uno sugiera. Esos días, escuchando a todos, mi ego traicionero me llevó por el camino de discernir quienes decían pavadas y no sabían nada, quienes nos mentían descaradamente y quiénes podían hablar desde el habiendo transitado el problema de la vivienda y la pobreza, a conciencia.
La cosa es que el jueves me volvía desde el congreso a la oficina en tren. Tomo el Belgrano, el rojo, que sale de Retiro y va hasta Villa Rosa. Claramente este tren no es como el que tomé tantos años de mi vida y que va desde Retiro a Tigre. Este tren para mi es distinto, entre otras cosas, porque en un tramo circula por entre el borde de la Villa 31 bis y Villa de Nylon (sí la que salió en las noticias por desalojos la semana pasada). Y venía yo de escuchar a todos estos referente de autoridad en el tema, y de participar de los círculos en los que giran los debates... y llovía un poco... y el tren circulaba lento...y el vecino de la Villa 31, en patas, pantalón arremangado él, con un secador de piso corría el agua para que no entre a su casilla. Y la sacaba, y más venía, y la sacaba y otra vez se llenaba su "laguito". Inmediatamente sentí el contraste de las instalaciones de la UCA en Puerto Madero y las disertaciones con esta imagen, que es la realidad. Dos días enteros hablando de la vida de gente cómo este señor y un sentimiento de certeza: El no quiere vivir así, él quiere vivir bien y es capaz de hacer un esfuerzo. Sé por mi trabajo y mi experiencia que él haría milagros con una oportunidad.
En el minuto siguiente, un señor me deja un papel, fotocopia de su certificada de HIV, con un texto mal escrito...algo como "tengo tre ijo" "no tengo ke darle de come a mis hijo". En este caso, inmediatamente vi que me mentían. El papel no correspondía con la edad que él aparentaba y era alevoso que esté así mal escrito a propósito para pedir limosna. Me sentí enojada, primero por "utilizar" la enfermedad o la pobreza y luego conmigo misma por atreverme a juzgar. Se acabaron las certezas.
De un minuto al otro mudé mi empatía por el esceptisismo, frente a una problemática que en realidad es una sola: vivir en contexto de pobreza y la falta de oportunidades. ¿Y de qué sirve haber pasado 2 días enteros reflexionando acerca del tema? ¿Y de qué sirve que tanta gente hable acerca de la necesidad como si fuera un fenómeno y quienes las padecen "animalitos"?
Como ven, la teoría y la realidad para mi siguen demasiado distanciadas y mi mente y mi corazón viven esas contradicciones. No la tengo clara!