
La semana pasada almorcé con Lucas, un compañero de la universidad. No eramos del mismo grupo de amigos, pero nos teníamos un cariño especial.
De él recuerdo que, en plena clase de filosofía, disfrutaba de batir mi pelo hasta que luzca como el de Tina Turner. Sus regalos también eran particulares: debido a mi tamaño, me regalaba solamente cosas "chiquitas". Siempre me llamó "Coty", en vez de Connie, y me sonó natural. No sé qué teníamos en común, además de la universidad, pero Lucas siempre me cayó muy bien y siempre sentí que él es muy buena persona.
Nos vimos 12 años después. Yo iba nerviosa por todo ese tiempo sin encuentros y también recordando lo distinto que éramos Lucas y yo. Pese a eso, fue muy lindo y me sentí muy cómoda... y no solamente porque al vernos nos dijimos -muy honestamente- "¡Estás Igual!" (sí, obvio que eso me hizo sentir bien).
Hablamos de su marido y de "E" y de cómo llegamos a estar juntos. Nos pusimos al día con nuestros sentimientos, nuestros rollos, comentamos acerca de los amigos importantes de cada uno, de nuestros perros y... fue tan fácil! Al tratar de resumir 12 años en dos horas, descubrí que sobre cosas centrales en nuestras vidas, como por ejemplo pareja y mascotas, tenemos una forma parecida de ver y de vivir.
Además de la satisfacción de un buen rato con un amigo, durante el almuerzo con Lucas me gustó muchísimo convencerme de que las cosas que importan son "atemporales" y superan todo. Esas cosas son los afectos. 2 hs en una vida sí permiten zanjar 12 años transcurridos y las diferencias, si uno enfoca en lo que sí importa, en lo que verdaderamente hace y une a las personas.
que bueno conn !!!! que lindo volver a ver gente que uno tanto aprecio y sentirse a gusto. Besos
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