Ayer me quedé con el sabor amargo de otro de mis dilemas. ¿Estoy actuando o sintiendo como creo correcto? Todavía hoy, a pesar de un comienzo reflexivo de la mañana, me resulta imposible resolverlo. Quizás escribir me ayude.
Trabajo en una ONG que ayuda a gente en severa necesidad. Mi trabajo consiste en asegurar recursos para llegar a estas personas y darles la oportunidad de mejorar sus condiciones de vida. El terrible terremoto del mes pasado en Haití, está haciendo que una porción grande de recursos, que vendrían a hacer posible nuestro trabajo, cambien de destino y vayan a Haití. Nuestra organización lo está sintiendo y mucho. Lo entendemos, pero lo sufrimos y el alcance de nuestros programas se verá muy limitado. Nosotros mismos dedicamos esfuerzo y dinero a Haití, pero estoy sintiéndome muy desanimada al notar que muchos donantes (organizaciones, empresas o personas)que re asignan sus recursos de Argentina (u otro país) para Haití, están respondiendo a una tendencia. Digo "tendencia", con todo lo que eso implica: moda; figurar; es lo que se "ve" que es correcto hacer ahora, etc.
¿Debo sentirme culpable de que moleste que se vayan estos recursos a Haití? ¿Está bien que sienta que debemos recordar al mundo todas las necesidades y emergencias de todos los días que no tienen cámaras y que permanecen escondidas, olvidadas, ignoradas? ¿Sabían que unos días después del terremoto hubo un pequeño desastre en La Paz, Bolivia? ¿Sabían que desde hace una semana hay miles de evacuados en el Litoral Argentino por la crecida del Paraná? ¿Sabían que Haití ya era un desastre? ¿Cuántas personas mueren por día de hambre, enfermedades y causas evitables sin que haya ningún desastre?
Por favor, donemos dinero para Haití (no me malentiendan), pero que el dar a los que necesitan se convierta en una sana costumbre y deje de ser un acto aislado, que responde a grandes desastres y a sus consecuentes fenómenos mediáticos.
Soy una convencida de que, la "torta" de la generosidad, debería agrandarse frente a los desastres como el de Haití; y no simplemente cortarse en pedazos que se repartirán de diferente manera.
Ya escribí y persiste, mi sensación de que es imposible saber si estoy siendo egoísta, insensible y poco generosa con mis sentimientos y mis percepciones. Me siento mal de estar cuestionando, de algún modo, el acto de dar.
Bien. Acepto el dilema. Decidí que mejor dejo de dar vueltas con eso y me dejo llenar el corazón con la generosidad de aquellos que decidieron dar más, en lugar de re asignar. Aquellos que hicieron el esfuerzo adicional. Aquellos que dan, no lo que les sobra, sino lo que pueden... y lo hacen con alegría. Son, en general, los donantes chicos, de corazones grandes. Son ellos, los que me dan la esperanza que me lleva todos los días a la oficina. Son ellos, los que hacen los pequeños gestos, que cambiarán el mundo.
viernes, 12 de febrero de 2010
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te admiro tanto amiga ...
ResponderEliminarY cada vez hay mas gente de esa Connie, de la que "da más" y no re asigna! Asique no pierdas las esperanzas de que cambiaremos el mundo!!!
ResponderEliminarY "¿Debo sentirme culpable de que moleste que se vayan estos recursos a Haití?" NOOOO!! Nunca te sientas culpable de ningun sentimiento. Los sentimientos son inmanejable, no estan bien ni mal. Lo que es manejable es lo que haces con ese sentimiento, y escribir es saludable!!!