
Me tocó acercarme al desastre natural ocurrido en Chile, en la madrugada del sábado pasado. El director de la oficina nacional de Chile en la organización que trabajo, volvía de centro américa, quedó varado en Buenos Aires y nos tocó ayudarlo a regresar a su devastado país.
Estaba en Buenos Aires, no tenía imágenes ni detalles de lo ocurrido, pero ya vivía su desastre. Por muchísimas horas no se había podido contactar con su familia; sabía que un hijo estaba en una plaza custodiando la computadora que contenía su tesis de graduación y su tele y se negaba a moverse; él no veía cómo volver a su tierra y a eso que había conocido como hogar, pero que no podía imaginar como lucía post- terremoto... y todo lo que sabía que tenía que hacer como líder de una organización que responde a desastres. Sus fantasmas: no conocer la situación de sus oficinas y personal, la escasez de "bencina" (nafta) y de alimentos para funcionar y para subsistir humanamente; la transición gubernamental; la ingenuidad del presidente electo que para transmitir tranquilidad promete que existirá todo el dinero que se necesite, la actitud desesperada de la gente y los más de 16 años que, según sus cálculos, son necesarios para reparar los daños de 2 millones de viviendas afectadas. No hace falta que les cuente mucho más. Todos vimos algo en las noticias o en el diario.
Sí quiero compartir que el terremoto en Chile es, para mi, también un terremoto existencial. Pasar un par de horas con Luis de Chile el domingo, me hizo pensar cómo sería estar en sus zapatos y en el de miles de chilenos... Me hizo ver la vida con otra perspectiva. Vi, por ejemplo,que nos la pasamos ahorrando para pagar nuestra casa y que de un día al otro podemos estar sin nada... se puede evaporar el fruto de todos esos esfuerzos y ni siquiera tendría sentido pensarlo, porque la naturaleza manda. En esos momentos los ladrillos no importan, somos todos criaturas de Dios, cuyo instinto de supervivencia y de protección a la manada, cobran preponderancia.
La racionalidad con la que "normalmente" vivimos nuestra vida tiene sentido: estudiar, trabajar, ahorrar, asegurar la vivienda, etc. Sin embargo, ese es un "changüi" que se nos da... porque cuando ocurre un desastre, cuando la naturaleza decide demostrarnos que, por muy valiosos que somos como seres humanos, somos muy poco, entonces nuestra perspectiva cambia.
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