
Interesante lo que descubrí el domingo a la mañana. Tengo ojeras de colores diferentes. Uno caracteriza a las ojeras del stress laboral o del espíritu... y otro color caracteriza a la margarita que me tomé el sábado a la noche en restaurant mejicano... y que me pegó fuerte.
Este fin de semana, si bien persisten la angustia por mi gatito enfermo y nos ocupa mucha atención (tengo un talento para la práctica de la enfermería veterinaria que desconocía), fuimos personas de nuevo. Salimos con amigos, visitamos hijo nuevo de primo, hicimos mini-viaje en moto, y otras cosas que hacen los humanos debidamente socializados!
Poco me molestó lucir el segundo color de ojeras todo el domingo! Bien valen la pena, si están porque vivimos la vida y somos capaces de disfrutarla mientras lidiamos con todo lo demás!
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